martes, 18 de agosto de 2015

Parque Provincial Teyú Cuaré

El día 21 de julio de este año visitamos con mi familia el Parque Provincial Teyú Cuaré. Llegamos después del mediodía luego de visitar y pasear por la ciudad de San Ignacio, donde se encuentran las famosas ruinas jesuíticas que datan del  siglo XVII.

El parque tiene como finalidad proteger los peñones acantilados de Teyú Cuaré  que significa la cueva que fue lagarto en idioma guaraní. La altura de estas formaciones varía entre los 120 y 216 metros y desde su cima se tiene una gran vista panorámica del río Paraná, la costa paraguaya, la desembocadura del río Yabebirí, la isla del Barco Hundido y la corredea del Sununú.
Vista de uno de los peñones desde su base

Vista hacia la ciudad de Santa Ana y la desembocadura del río Yabebirí


Vista hacia el norte. Enfrente la costa paraguaya

el parque protege bosque nativo y un sector de pajonales único que de desaparecer provocaría la extinción de la flora argentina de unas 50 especies que solo se encuentran en ese lugar del país, para verlas habría que ir a Paraguay o incluso el cerrado brasileño.
Se han registrado hasta el momento 46 especies de mamíferos y 128 especies de aves.
El área del parque es de 78 hectáreas y en el se pueden recorrer senderos que comienzan en la zona de la casa del guardaparques  y que se bifurca en tres, uno que va por abajo hasta el río, otro que va a la cima del peñón y uno que finalmente llega a la que era la casa del criminal nazi Martin Bormann (que parece ser un mito), cada sendero tiene una longitud de 600 metros y son de dificultad media, atravesando en su totalidad bosque nativo. Entre la costa del río y la cima de unos de los peñones hay una escalera tallada en la roca de 310 escalones.
Por la hora del día el guardaparques me comentó que no iba a ver aves y tenía razón vi muy pocas aunque algunas cuantas más podía oir. Solo pude fotografiar a dos de ellas, sin embargo en lo alto de los peñones abundaban las lagartijas.
Entre las aves pude fotografiar solo a un pitiayumí, un taguató y a jotes cabeza negra. Un ave que no pude identificar y varios zorzales se escaparon de la cámara. Entre los mamíferos unos coatíes cruzaron raudos y se perdieron en la selva.
Fue una visita de media tarde, muy bonita; es un parque que vale la pena recorrer nuevamente en primavera y ni bien salga el sol para poder observar en su plenitud a las aves y otras formas de vida.
Pitiayumí (Parula pitiayumi)

Jote cabeza negra (Coragyps atratus)
Taguató (Rupornis magnirostris)
Una buena panzada me pude hacer con los lagartos trepadores orientales (Tropidurus torquatus), los hay de todas la edades y tamaños; los más grandes son los  más coloridos. Todos tomaban sol sobre las rocas o los troncos.






Insectos y arañas no vi demasiados, seguramente por ser invierno, algunos de ellos son los que muestro
Perichares lotus

Pará zigzag (Callicore sorana)

Parides neophilus

Araña tejedora dorada (Nephila clavipes)

Marroncita (Ortilia velica)
Bataraza (Ortilia ithra)
Entre los senderos se puede ver una gran variedad de hongos, arbustos, hierbas y árboles
Convulvulaceae

Faramea cyanea


Vista del bosque

Tronco caído y podrido


Subiendo al peñón

Mora blanca (Alchornea glandulosa)

Cactus



Tronco de María Preta (Diatenopteryx sorbifolia)

Palo de leche (Sesbania brasiliensis)

Ubajay chico (Hexachlamys edulis)



En la salida de la reserva, en un sector de pastos hay algunos ejemplares de urunday blanco (Acosmium subelegans), únicos en el país




2 comentarios:

  1. Hermosas fotos y relato sobre lo que hay en el parque! Espero en la próxima ida a mi querida Misiones poder visitarlo. Abrazo!

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias Sergio por visitar el blog y por el comentario. Misiones es una provincia llena de maravillas y hermosos rincones por recorrer

    ResponderEliminar