Durante mi primera salida de observación del año, que la vengo haciendo por costumbre desde 2012 en un mismo lugar en el campo cerca del poblado de Zenón Videla Dorna tuve la fortuna de tomar numerosas fotos de un ave que casi siempre anda metida entre los tallos de la vegetación, tanto en árboles y arbustos espinosos como entre las cortaderas y pajonales, más oído que visto, es el espinero pecho manchado (Phacellodomus straiticollis). Es un furnárido desconocido para el que no observa aves e intuyo que pocos de los que recorren el campo en sus menesteres lo deben haber identificado. Desde lejos se parece a un hornero aunque es de menor tamaño y con una coloración apenas diferente.
Estando entre los pajonales y una alambrado de un campo, a orillas de la calle, aparecieron creo dos adultos y un juvenil, que se posaron para mi sorpresa sobre palos y varillas del alambrado, bien al descubierto, quizás querían llamar mi atención porque tenían al menos un hijo que era juvenil.
Proseguí tomando fotos no solamente de esas aves sino de otras; luego de varios minutos al seguir escuchándolas reproduje una grabación y se acercaron nuevamente, también muy al descubierto para mi asombro. Nuevamente les tomé muchas fotos aunque no todas me salieron como hubiera querido, varias fuera de foco y otras con una profundidad de campo despareja en el ave; el lente que usé era el 150-600 mm y lo estrenaba ese día en el camp. Con la focal de 600 mm se obtienen buenos aumentos pero se pierde un poco la nitidez y se estrecha mucho la profundidad de campo si los objetos están cerca, así que luego de ese día aprendí a usarlo mejor, pero la mayor felicidad sin dudas fue tener a esta elusiva ave tan a la vista.
Un día del mes de febrero yendo al puente de la boca en la laguna de Monte como tantas veces hago al año me encontré con una linda sorpresa, un casal de coscoroba (Coscoroba coscoroba), un cisne autóctono totalmente blanco en su plumaje salvo la punta de sus alas, conocido en el campo como "ganso silvestre".
En esos días con poca agua en la laguna estos cisnes andaban cerca del puente, con intenciones quizás de cruzarlo nadando por abajo, aunque no se decidieron ya que pasaban algunos transeúntes, había algunas personas pescando sumado a mi presencia. En esa indecisión que tuvieron se aproximaron mucho y con mi lente de 150-600 mm pude hacerle diferentes tomas en distintas focales, ya que estaban tan cerca que no entraban en el visor.
Aquí algunas fotos que me salieron mejor y un vídeo corto que les hice.
Unas fotos tomadas durante una breve estadía en el Parque Nacional Los Alerces en enero de 2013 y que corresponden a unos picolezna patagónico (Pigarrhichas albogularis).
Llegamos por al tarde desde San Martín de los Andes a un camping del parque, hacía calor por la tarde y no llevábamos ropa abrigada ni mantas, acampamos pero no tuvimos en cuenta que en la montaña a pesar de ser pleno verano la temperatura cae a muy bajos valores, dormimos mal por el frío que llegó a los 5ºC estimo, pero con el alba me desperté y recorrí parte del bosque aledaño a ver que se veía e intentar fotos. Al amanecer las aves comenzaron a estar en actividad y entre todo lo que vi me gustó mucho esta ave que hasta ese momento no tenía fotografiada, volviéndose luego de verla volar y posarse entre los troncos en busca de alimento en una de mis favoritas.
Muestro unas de los picoleznas y otras mostrando su hábitat al amanecer.
A comienzos de octubre mi compañero de trabajo en la Cooperativa Eléctrica de Monte, Walter López, me avisó que en el campo familiar donde vive había un nido de chiflón (Syrigma sibilatrix), más conocido como garza chiflona o garza silbona donde vivo. Estas garzas hacen el nido sobre las ramas de los árboles, lejos del agua ya que son de hábitos muy acuáticos y muchas veces cerca de casas, como en el caso del campo de Walter que las vio anidar varios años en su propiedad.
Así que luego que me comenta esto a los pocos días me voy a ver si estaban para poder tomarle algunas fotos. La primera vez que fui fue el 5 de octubre de 2017, solo había unos adultos que se alteraron un poco cuando estuvimos debajo del eucalipto donde tenían el nido, miraban desconfiadas y luego salían volando para dar unas vueltas y retornar, quizás estuvieran empollando por esa fecha.
Volví a lo de Walter el 3 de noviembre y me encontré con pichones que quizás ya habían nacido a mediados del mes anterior; para fotografiarlos apoyé una escalera hasta el nido pero estuve incómodo y tomé las fotos sin saber bien a que enfocaba ya que las tomé con la mano extendida. No quedé demasiado conforme con el resultado, me prometí revancha unos días más tarde.
Los pichones eran 3, había una leve diferencia de desarrollo entre ellos, eran agresivos ante la proximidad de mi cámara y tiraban picotazos al aire para amedrentarme en algunas ocasiones, aunque mayormente permanecían quietos observándome.
Nuevamente retorné hacia el nido e hice unas fotos del lugar para mostrar el sitio de anidación el día 10 de noviembre. Ya no estaba más uno de los pichones, quizás se cayó un día de viento, por un mal movimiento, inclinación del nido o tal vez por competencia con sus otros hermanos. Creo que mejoré un poco las fotos aunque no es tan fácil estando alto subido a una escalera y con tantas sombras de ramas y hojas próximas que hacían contraluces y fondos complicados.
Eucalipto donde estaba el nido
Horqueta donde estaba el nido
El día 23 de noviembre retorné por última vez al nido; Walter ni su familia estaban en su casa, así que lo único que hice fueron unas fotos desde abajo, ademas los pichones estaban grandes y se hubieran alertado mucho más que cuando eran más pequeños; estaban los dos que me miraban algo despreocupados desde lo alto, seguramente en una o dos semanas estimo abandonaron el nido y comenzaron a hacer su propio camino.